a better version of ‘interlude’.
Sigur Rós - Inní mér syngur vitleysingur
From - Með Suð í Eyrum Við Spilum EndalaustÁ silfur á Lýsir allan heiminn og augun blá Skera stjörnuhiminn Ég óska mér og loka nú augunum Já, gerðu það, nú rætist það Ó nei Á stjörnuhraða Inni í hjarta springur, flugvélarbrak Ofan í jörðu syngur Ég óska mér, og loka nú augunum Já, gerðu það, lágfara dans Allt gleymist í smá smá stund og rætist það Opna augun Ó nei Minn besti vinur, hverju sem dynur Ég kyngi tári og anda hári Illum látum, í faðmi grátum Þegar að við hittumst Þegar að við kyssumst Varirnar brenndu, höldumst í hendur Ég sé þig vakinn Ég sé þig nakinn Inní mér syngur vitleysingur Alltaf þið vaða, við hlaupum hraðar Allt verður smærra, ég öskra hærra Er erfiðara, í burtu fara Minn besti vinur, hverju sem dynur Illum látum, í faðmi grátum Ég kyngi tári og anda hári Þegar að við hittumst Þegar að við kyssumst Varirnar brenndu, höldumst í hendur Ég sé þig vakinn Ég sé þig nakinn Inní mér syngur vitleysingur
Beethoven compuso esta melodía para el archiduque Rodolfo de Austria. Éste, era hijo del emperador Leopoldo II. Era un muchacho muy dotado para la música y, desde los dieciséis años, fue discípulo de Beethoven, de quien aprendió piano y teoría musical. Y llegó a sentir un profundo respeto por su maestro. Pero el archiduque no fue nunca un pianista excelente o un gran compositor, sin embargo, en el terreno práctico le tendió una mano a Beethoven que se manejaba mal en la vida, y le prestó ayuda tanto en lo público como en lo privado. Si no hubiera sido por el archiduque, las penalidades de Beethoven hubieran sido mucho mayores.
- La verdad es que, en este mundo, también es necesario ese tipo de personas.
- En efecto.
- Si el mundo estuviera compuesto sólo de sabios y genios andaría muy mal. Hace falta alguien que esté alerta y que despache los asuntos.
- Tiene usted toda la razón. Si todos fuéramos sabios y genios, el mundo se encontraría en una situación muy apurada.
- Es buena esa melodía.
- Es una pieza marvavillosa. No te cansas nunca de escucharla. Es el más logrado, el más exquisito terceto para piano que Beethoven escribió jamás. Lo terminó a los cuarenta años y jamás volvió a componer otro terceto para piano. Es posible que él mismo sintiera que con ese terceto había llegado a la cima de la perfección formal.
- Me parece que lo entiendo. Todas las cosas deben tener una cima -dijo el joven Hoshino.
- Visítenos de nuevo.
- Sí, volveré.